El Simposio de 1998
El libro de Cristian Iturralde da una gran importancia al Simposio convocado por Juan Pablo II en 1998 y cuyas actas fueron publicadas en 2004. El relato del libro de Iturralde pretende impresionar al lector con la idea de que dicho trabajo ha zanjado la discusión, sentenciando así el absoluto título de su libro: La Inquisición fue un tribunal de misericordia.
En el capítulo I, el autor afirma que hay cinco cosas que deben quedar claras:
“Que la conclusión general del Simposio Internacional sobre la Inquisición fue unánime: la Inquisición fue un tribunal justo”.
El relato se refuerza con calificativos por parte de Iturralde tales como “el magnífico Simposio”, en el cual “para la ocasión se convocó a un equipo interreligioso de más de cincuenta expertos…”, siendo Agostino Borromeo, profesor de historia en la Universidad La Sapienza, el coordinador del trabajo.
Al leer las actas del simposio (L'INQUISIZIONE – Atti del Simposio internazionale), nos encontramos con que no hay mención alguna de una supuesta unanimidad en la sentencia de que la Inquisición fue un tribunal “justo” o de “misericordia”, tal y como afirma Iturralde.
También nos encontramos con que en realidad participaron 32 personas en total, y no “más de 50”, de los cuales particularmente conocemos que 13 son abiertamente católicos y uno luterano.
Agostino Borromeo (profesor católico y coordinador del Simposio), Roger Etchegaray (cardenal católico), Georges Cottier (cardenal y “teólogo del Papa”), Grado Giovanni Merlo (historiador católico), Jean‑Louis Biget, Lorenzo Paolini, Arturo B. Palacios (teólogo e historiador católico), Jaime Contreras (católico), Jean P. Dedieu, Francisco Bethencourt, Charles Amiel, René Millar Carvacho (católico), Fermina A. Alonso (católica), Silvana S. Menchi, Andrea Del Col, Adriano Garuti, Alastair Duke, Eamon Duffy (católico), Bruno Neveu, Bernard Vince, Pier Cesare Loly Zorattini, William Monter, Gabriel Audisio, Gustav Henningsen (luterano), Jesús Martínez de Bujanda (católico), Gigliola Fragnito, Ugo Baldini, Teófanes Egido (sacerdote católico), Adriano Prosperi, Jean‑Miguel Garrigues (católico), Guy Bedouelle (fraile dominico católico).
Tampoco encontramos la idea de que el Simposio haya pretendido zanjar o cerrar la discusión. Incluso, en ocasión de la presentación de las actas, ante una pregunta de Elizabeth Piqué del diario La Nación sobre cuántas víctimas mortales aproximadamente causó la Inquisición, Borromeo contestó que es imposible saberlo, debido a la escasa documentación histórica sobreviviente de esa época (La Nación, 16/06/2004, “La Inquisición no fue tan cruel, según la Iglesia”, E. Piqué).
Aun con las causas por brujería analizadas y expuestas por el Simposio, vemos que el relato propuesto por Iturralde es marcadamente positivo, en contraposición a las declaraciones de Borromeo.
Comparación de declaraciones
Borromeo:
“...según el estudio, de las 100.000 causas de brujería, aproximadamente la mitad, es decir, 50.000 personas, terminaron en la hoguera, condenadas por tribunales civiles”.
(La Nación, 16/06/2004, “La Inquisición no fue tan cruel, según la Iglesia”, E. Piqué).
Iturralde:
“La documentación aportada refleja que de un total de 100.000 procesos, más de la mitad de los acusados fueron absueltos y perdonados, quedando en libertad. Muchos de ellos, sin embargo, fueron posteriormente condenados por tribunales civiles”.
(La Inquisición: un tribunal de misericordia, p. 38).
Aquí vemos un claro ejemplo de cómo el autor propone de forma positiva lo que Borromeo presenta de manera objetiva. Borromeo menciona la cantidad de ejecutados; Iturralde, la cantidad de absueltos. Es la diferencia entre el vaso “medio lleno” y el vaso “medio vacío”, o la del zorro que “dejó vivir a la mitad de las gallinas” en lugar de condenar que haya matado a la otra mitad.
Sobre el Simposio, queda aún mucho por decir.
El Simposio, Charles Lea y la aversión de Iturralde al historiador protestante
Era de esperarse que Iturralde desestimara a Bartolomé de las Casas y a Juan Antonio Llorente como “enemigos” y “traidores de España”, dado que el libro posee una fuerte acentuación en la reivindicación hispanista del Imperio frente a lo que se conoce como la “leyenda negra”.
Lo que resulta llamativo es la descalificación simplista hacia Charles Lea, autor de la obra clásica sobre la Inquisición, elogiado por protestantes, católicos y no cristianos. Charles Lea fue un autodidacta protestante que escribió, entre otras, las siguientes obras:
A History of the Inquisition of the Middle Ages (3 volúmenes, 1887‑1888)
A History of the Inquisition of Spain (4 volúmenes en inglés, 1906‑1907; 3 tomos en la edición española de 1983 y 2020)
The Inquisition in the Spanish Dependencies (1908)
Materials Toward a History of Witchcraft (publicado póstumamente en 1939)
En La Inquisición: un tribunal de misericordia (p. 72), Iturralde afirma:
“Si existe un socio para Llorente, éste es, sin dudas, el historiador protestante norteamericano H. Charles Lea, enemigo encarnizado de la empresa española —a quien sin embargo Menéndez Pelayo destacara cierto esfuerzo—”.
Sin embargo, Marcelino Menéndez Pelayo, reconocido historiador y filólogo católico, mantuvo correspondencia con Lea y expresó:
«Tengo que dar a Ud. las gracias más encarecidas por la bondad que ha tenido de enviarme el primer tomo de su Historia de la Inquisición en la Edad Media. Obra de sólida erudición, de excelente método, llena de investigaciones nuevas y dictada casi siempre por un loable espíritu de rectitud histórica. Ya comprenderá usted que, en ciertos puntos, mi criterio como católico tiene que diferir del de Ud. Pero la historia tiene la ventaja de que pueden estar de acuerdo en cuanto a los hechos, los mismos que no lo están en cuanto a los principios».
*(Carta de Menéndez Pelayo a Charles Lea, 7 de enero de 1888).*¹
Por su parte, Henry Kamen, otro de los historiadores ampliamente utilizados por Iturralde, afirma:
“La obra clásica sobre la Inquisición española es la del erudito norteamericano Henry Charles Lea (1906), que sigue siendo la historia más fiable…”.
(Henry Kamen, La Inquisición española, prefacio).
El Simposio utiliza y elogia el trabajo de Charles Lea
Resulta aún más llamativo que Iturralde omita —o ignore— que el propio Simposio de la Inquisición, en el cual basa gran parte de su libro, utiliza y elogia el trabajo de Charles Lea.
A modo de ejemplo:
Adriano Prosperi – Actas del Simposio de la Inquisición, p. 743:
“Un historiador reflexivo y muy serio como Henry Charles Lea concluyó su investigación sobre el tema con estas palabras: es un sistema que bien podría considerarse una invención del diablo”.
Jean‑Pierre Dedieu – Actas del Simposio, p. 216, nota al pie:
“Las primeras obras de Henry Charles Lea, posiblemente el mayor historiador de la Inquisición, fueron traducidas al francés…”.
El mismo historiador Gustav Henningsen apoya su trabajo en libros de Charles Lea en las páginas 579 y 580 de las Actas del Simposio de la Inquisición.
Nota de citas
¹ Publicada en Revista de la Inquisición. Intolerancia y Derechos Humanos, vol. 28, pp. 53‑70, p. 58; ISSN 1131‑5571.