El revisionismo histórico puede llegar a ser una tarea abrumadora para la gran mayoría de personas en nuestro tiempo. La historiografía y la gran cantidad de información disponible en la palma de la mano pueden llegar a contener sesgos interpretativos del que debemos considerar, si se quiere llegar a un revisionismo serio y objetivo de los datos históricos.

Al encontrarme con tantas buenas reseñas desde el catolicismo romano sobre el libro La Inquisición: un tribunal de misericordia, escrito por el compatriota argentino Cristian Iturralde, y alabado por uno de los mayores referentes del nacionalismo católico como lo es el Dr. Antonio Caponnetto, es que tuve un real interés en acercarme al texto de la manera más objetiva posible.

El título disruptivo, sin lugar a dudas llama la atención por su sentencia moral sobre una institución, que las autoridades de la Iglesia Católica Romana actualmente no apoyan.

Debo reconocer que creció aún más mi interés después de leer el Prólogo escrito por el mismo Dr. Caponnetto. Pero no pasaron las primeras páginas del capítulo I para darme cuenta que La Inquisición: Un tribunal de misericordia, sería en adelante, un panfleto con todos los vicios propios de la apologética mitológica romana contra el protestantismo; citas sin fuentes, otras citas con fuentes secundarias (que llevan a la nada), citas erróneas, citas inventadas, citas descontextualizadas, entre otras imprecisiones.

No quiero desvalorizar por completo tamaño trabajo de escribir un libro de más de 600 páginas (según la versión digital que leí en Amazon Kindle), se nota que le ha llevado tiempo y dedicación, y no estoy en completo desacuerdo con absolutamente todas las afirmaciones del libro, pero sí tengo objeciones directas con respecto a acusaciones y citas erróneas contra el protestantismo, que iré desarrollando en este y otros artículos publicados en esta web.

Nota de aclaración: cuando cito el número de página, lo hago desde la numeración que me provee el libro en formato digital disponible en Amazon Kindle.



El magisterio romano actual va en la dirección contraria a la leyenda rosa de Iturralde

Primeramente, debemos recordar que el magisterio romano actual es lapidario con la Inquisición. Contrariamente a los desvergonzados párrafos del libro de Iturralde, el Cardenal Fernández, quien hasta el día de hoy (15/01/2026) es el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe —institución antes conocida como el “Santo Oficio”— afirma que:

“la Inquisición es vergonzosa, es dura, y contradice profundamente el Evangelio y la propia enseñanza cristiana. Por eso es tan horroroso”.

(Víctor Fernández – Entrevista al Diario Perfil, 03/07/2023: https://www.perfil.com).

El libro comienza en su primer capítulo mencionando a Juan Pablo II y su pedido de disculpas del año 1982 en Madrid y las posteriores declaraciones del Papa:

p. 28. “Juan Pablo II había reconocido algunos errores y excesos en momentos como los de la Inquisición, advirtiendo, empero, que sólo a la luz objetiva de la historia podía reconstruirse la verdad de los hechos. Al año siguiente, el 11 de septiembre de 1983, en ocasión de un encuentro ecuménico en Viena, dirá: las culpas que corresponden realmente a los cristianos no deben ser negadas (... p. 29). Lo cierto es que el mea culpa será extensivo exclusivamente a los abusos puntuales de algunos particulares, por tanto, lógicamente, no extensivo a la institución de la Inquisición” (énfasis mío).

Nuevamente vemos la contraposición de la institución que Iturralde pretende defender frente a las declaraciones del prefecto de dicha institución, quien sí reconoce que efectivamente la culpa es extensiva a la institución:

“...este Dicasterio que me encomienda el Papa tiene una historia bastante oscura, siempre fue el más importante del Vaticano, que era como el brazo de hierro del Papa, era la llamada Santa Inquisición o el Santo Oficio, que perseguían a los llamados herejes y las brujas, y que llegó incluso, como dice el Papa Francisco, a utilizar métodos inmorales, como la tortura, entre otras cosas. Había grandes teólogos en la época del Concilio Vaticano II que en esa época eran perseguidos por esta institución. Y es famoso el caso de un gran teólogo que una noche fue y orinó la puerta del Santo Oficio como gesto de desprecio frente a esta metodología persecutoria”.

(Víctor Fernández – Entrevista al Diario Perfil, 03/07/2023).

En la página 30, Iturralde insiste en una defensa infructuosa que, a la luz del magisterio actual, cae en saco roto:

p. 30. “¿No es demasiado fácil juzgar a los protagonistas del pasado con la conciencia actual, como hacen escribas y fariseos, según Mt. 23,29-32? (...) ¿El pedido de perdón de Juan Pablo II en múltiples ocasiones? Pide disculpas por lo que hicieron los servidores de la inquisición, más que en nombre de la iglesia (...) El tribunal de la Inquisición está lejos de ser como opinan los enemigos de la Iglesia”.

Sin embargo, el Discurso del Papa Francisco a la Delegación de la República Checa con motivo del 600 aniversario de la muerte de Jan Hus (15 de junio de 2015) contradice directamente la postura de Iturralde ante los husitas:

“El encuentro de hoy nos da la oportunidad de renovar y profundizar las relaciones entre nuestras comunidades. Muchas disputas del pasado piden ser revisadas a la luz del nuevo contexto en el que vivimos, y llegaremos a acuerdos y convergencias si enfrentamos las tradicionales cuestiones conflictivas con una mirada nueva”.

Unos días antes, durante el tercer retiro de sacerdotes en Letrán (12/06/2015), el Papa se refirió explícitamente a la muerte de Juan Hus, quemado en la hoguera en 1415 durante el Concilio de Constanza:

“Nosotros nos escandalizamos cuando los del ISIS quemaron vivo a ese pobre piloto en una jaula. ¡Nosotros en nuestra historia lo hemos hecho! Nosotros herimos a la Santa Madre Iglesia. En nuestra conciencia tiene que estar ese pedir perdón por la historia de nuestra familia: las veces que hemos matado en nombre de Dios”.

(Video – Discurso escrito: https://www.vatican.va)

Quizá por estas y tantas otras declaraciones es que Iturralde ha criticado de manera lapidaria a Francisco, calificándolo de “okupa”, de “perverso”, “enemigo de la Iglesia”, “apóstata”, e incluso llegando a rezar por su muerte en su cuenta de X.

El mismo Dr. Caponnetto, responsable del prólogo, ha sido un ferviente crítico de Francisco:

“...los papólatras, personajes ridículos y miopes, que con tal de mantener una presunta comunión con el Papado, se muestran dispuestos a aprobar cualquier dislate; y todavía ir más lejos en sus graves heterodoxias. Los obispos pertenecen a esta especie, y cierto laicado imbécil que los sigue encandilados (...) No ha habido Papa que haya sido más dócil y solícito a las perversiones del mundo (...) su obra ha sido destructiva y demoledora, corrosiva y vandálica”.

(Entrevista al Dr. Caponnetto, 23/04/2025, “The Legacy Of Pope Francis: Terrible, Ruinous, And Scandalous”, traducido por Juan Carlos Monedero en su blog oficial: https://juancarlosmonedero.com).

Una gran curiosidad resulta del hecho de que, cuando Iturralde escribió el libro, todavía era papista. Él mismo calificó de “apóstata” a otro erudito católico, Hans Küng, por ir contra el papado:

Cap. 1. “Cosas más inverosímiles, y por supuesto infundadas, sostendrá el aún vigente teólogo apóstata Hans Küng (...) Bastará decir que recientemente, en entrevista al diario alemán Frankfurter Rundschau y la emisora Deutschlandfunk (recogida por el diario español El País, 21/04/2010), ha pedido, junto a otras organizaciones católicas, explícita y enérgicamente, la dimisión del Papa”.






¿Qué es peor? ¿Pedir la renuncia del Papa como lo hizo Hans Küng, o pedir la muerte del Papa y calificarlo de “apóstata” como lo hizo Iturralde?

Cuando antes mencioné mi decepción tras leer las primeras páginas del capítulo I del libro, es debido a que me encontré con la deshonestidad intelectual del escritor a través del primer juicio temerario, que revela la intención de gran parte del libro en referencia a la persecución de las brujas:

“Que hubo una gran persecución, injusta y despiadada en algún momento de la historia, es cierto, ¡pero exclusivamente por parte de los protestantes!” (p. 26).

Abordaré esta frase más adelante (capítulo 3.1), pero como introducción, ya he evidenciado en el capítulo 1.2 que el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Víctor Fernández, admitió que la Inquisición perseguía a “las brujas” y que utilizó “métodos inmorales, como la tortura”.

Una afirmación de tal tamaño error histórico solo pudo llevarse a cabo ignorando casi por completo el análisis de documentos oficiales papales como la bula Ad extirpanda del Papa Inocencio IV, primera en permitir la tortura a los herejes para obtener confesiones.

El proceso inquisitivo romano, estudiado en la historia jurídica, tenía la tortura como medio válido para obtener confesiones que luego eran tomadas como prueba en el proceso penal.

Mencionemos también brevemente el libro por excelencia sobre la caza de brujas: Malleus Maleficarum (El Martillo de las Brujas), publicado por primera vez en 1486, más de 30 años antes de la Reforma Protestante. Fue escrito por el monje Heinrich Kramer junto a Jacob Sprenger y contó con el respaldo del Papa Inocencio VIII mediante la bula Summis desiderantes affectibus (5 de diciembre de 1484), que abrió las puertas a la gran persecución de brujas en el Sacro Imperio Romano Germánico.

Cristian Iturralde dedica a Malleus Maleficarum y a su contexto tan solo una página de todo el libro (capítulo XI), relativizando su importancia basándose únicamente en estadísticas de ejecuciones en España.

Claro está que por persecución no debe entenderse exclusivamente ejecuciones, como pretende Iturralde, sino también el grave problema moral que representa que una institución oficial de la Iglesia romana se haya convertido en verdugo de sus propios fieles y torturadora de los acusados.