Es común escuchar a los papistas apelar a la lista papal atribuida a Ireneo de Lyon, especialmente en su obra Adversus Haereses (Contra las herejías), libro III, capítulo 3, para validar la sucesión apostólica de sus Papas hasta el mismo Pedro. Hoy matamos ese argumento. Esta es la primera bomba de la semana. Esta lista se ha considerado tradicionalmente como uno de los primeros testimonios históricos de una sucesión episcopal romana desde los apóstoles hasta la época de Ireneo (finales del siglo II), y ha sido usada por la Iglesia Católica como una defensa temprana del primado romano y de la sucesión apostólica. Sin embargo, estudios modernos han detectado varios problemas históricos, teológicos y cronológicos en dicha lista y cuestionan su confiabilidad. Los problemas puntuales de la lista (y en esto, parece que todos llegan al consenso) serían:
- Idealización de una sucesión continua.
- Problemas cronológicos.
- Modelos eclesiológicos anacrónicos.
- Fuentes limitadas o reconstruidas.
- Tensiones con otras tradiciones.
Vamos a explicar cada una de dichas problemáticas, y no nos hacemos responsables de daños y perjuicios a su credulidad inocentona y supina ignorancia:
No. 1: IDEALIZACION.
Ireneo busca establecer una línea ininterrumpida de obispos desde Pedro hasta su tiempo para combatir a los gnósticos, quienes decían tener tradiciones secretas. Pero la lista puede haber sido una construcción teológica o apologética, más que un registro histórico exacto. La intención de Ireneo no es hacer historia, sino legitimar doctrinalmente a la Iglesia de Roma frente a herejías.
No. 2: CRONOLOGIA.
Ireneo afirma que Lino fue el primer obispo después de los apóstoles Pedro y Pablo, seguido por Anacleto (o Cleto) y luego Clemente. Sin embargo, otras fuentes como el Liber Pontificalis, Eusebio de Cesarea o Tertuliano presentan variaciones en los nombres, el orden o el número de los obispos. La cronología de los primeros obispos es incierta, y no hay evidencia externa confiable que permita establecer fechas exactas. Algunos obispos pudieron haber sido presbíteros o líderes comunitarios antes de que existiera un modelo monárquico episcopal en Roma.
No. 3: ANACRONISMOS.
En la época apostólica y post-apostólica temprana (siglo I–comienzos del II), no estaba aún consolidado el modelo de un solo obispo por ciudad (monarquía episcopal). La evidencia sugiere que en Roma existía un colegio de presbíteros o líderes comunitarios (probablemente con funciones episcopales compartidas), y no necesariamente una línea clara de obispos únicos desde Pedro. Ireneo parece proyectar hacia atrás el modelo episcopal de su tiempo.
No. 4: FUENTES TRUCHAS.
Ireneo probablemente usó fuentes orales o listas ya existentes (como la de Hegesipo o de la Iglesia de Roma), pero estas fuentes también pueden haber sido selectivas, fragmentarias o idealizadas. Algunos estudiosos piensan que la lista fue construida hacia atrás, es decir, partiendo de los obispos contemporáneos de Ireneo hacia los apóstoles, rellenando los vacíos con nombres conocidos o teológicamente significativos.
No. 5: TENSIONES.
El lugar de Pedro en la sucesión episcopal no siempre es claro. Ireneo lo menciona como iniciador, pero no dice explícitamente que fue el primer obispo de Roma como lo entiende el catolicismo posterior. Otras iglesias antiguas (como la de Jerusalén o Alejandría) tenían formas distintas de liderazgo y sucesión apostólica, lo que complica la visión uniforme que propone Ireneo.
Considerando pues, esta situación, podríamos arribar a una primera conclusión. La lista de obispos de Roma de Ireneo es significativa desde un punto de vista teológico y eclesiológico, pero presenta serios problemas como fuente histórica. No puede tomarse como una prueba incuestionable de una sucesión episcopal ininterrumpida desde Pedro en el sentido que defiende el catolicismo romano. Más bien, refleja el esfuerzo de la Iglesia del siglo II por consolidar su autoridad apostólica y doctrinal frente a las herejías, proyectando hacia el pasado un modelo que solo se consolidó más tarde.
Sin embargo, podemos dar el golpe más rotundo... ¿Cómo? Bueno, continúe conmigo para que pueda saciar su curiosidad.
Cuando contrastas a Ireneo con Eusebio y el Liber Pontificalis, encuentras una serie de terribles problemas.
En primer lugar, Pedro no aparece como “obispo” en Ireneo ni en Eusebio. Ireneo comienza la lista con Lino, no con Pedro. Menciona que Pedro y Pablo fundaron la iglesia de Roma, pero no los llama obispos de Roma. Eusebio también sigue esta lógica. Menciona que Pedro y Pablo predicaron y murieron en Roma, pero inicia la lista episcopal con Lino. Esto contrasta con el Liber Pontificalis, que anacrónicamente coloca a Pedro como el primer obispo de Roma, estableciendo así la base del papado en sentido estricto.
En segunda instancia, hay variaciones de nombres y orden. Ireneo parece fusionar o alternar los nombres Anacleto / Cleto / Anencleto, mientras que en el Liber Pontificalis aparecen como personas distintas en algunos manuscritos, aumentando artificialmente el número. En Ireneo y Eusebio, Clemente es el tercer obispo, pero el Liber Pontificalis lo pone como cuarto.
Por último, encontramos una evolución hacia el modelo episcopal. Ireneo y Eusebio reflejan una transición desde un liderazgo colegiado hacia una monarquía episcopal clara. El Liber Pontificalis, ya desde el siglo VI, proyecta un modelo completamente jerárquico y petrinista, incluso con biografías legendarias y milagros atribuidos a los primeros obispos/papas.
De este modo, la comparación muestra cómo la lista de obispos de Roma evoluciona con el tiempo, reflejando:
- Cambios en la estructura eclesial.
- Construcciones apologéticas adaptadas a contextos doctrinales distintos.
- Una creciente tendencia hacia centralizar la autoridad en Pedro y Roma.
Esto refuerza la crítica de que la lista de Ireneo no es plenamente histórica, sino una herramienta teológica adaptada a las necesidades de su tiempo. Las variaciones posteriores muestran cómo el relato fue ajustado progresivamente para legitimar el poder romano.
Uno de los eruditos que ha dedicado esfuerzos para descubrir estas contradicciones de Ireneo con fuentes más antiguas, es el Dr. James F. McCue. En Papal Primacy and the Universal Church, muestra su visión crítica. Entre muchas cosas, dice que:
a. El desarrollo del episcopado en Roma no fue instantáneo ni uniforme. En los primeros tiempos (siglo I y comienzos del II), el liderazgo en Roma fue probablemente colegiado, no monárquico (es decir, no había un solo obispo al principio). b. Las listas de obispos posteriores (como las de Ireneo o Hegesipo) parecen haber sido reconstruidas retrospectivamente desde una perspectiva posterior (siglo II en adelante), cuando el modelo de un solo obispo ya estaba en vigor y se daba por sentado. Al respecto, escribe: “Podría parecer que toda la cuestión podría abordarse de forma bastante sencilla consultando las primeras listas de sucesión. [...] Pero no hay ninguna referencia a estas listas anterior a Hegesipo e Ireneo, es decir, anterior a la época en que el monepiscopado se había convertido en la única forma conocida de orden eclesiástico; y al menos la lista romana identifica como obispos a hombres (por ejemplo, Clemente) que, al parecer, no eran obispos en el sentido monepiscopal”. (p. 51)
Para resaltar la ausencia de evidencia previa y el carácter teológico más que histórico de las listas, afirma:
“Por lo tanto, la cuestión del momento en que los individuos nombrados comienzan a ser obispos en el sentido posterior, en contraste simplemente con líderes eminentes, no puede determinarse sobre la base de las listas mismas”. (p. 51)
Con esto McCue subraya que las listas no permiten distinguir claramente entre liderazgo colegiado y episcopado monárquico, lo cual es esencial para evaluar su historicidad. Esto implica que:
“Para cuando Ireneo escribe, en la década del 190, el monepiscopado se había vuelto tan evidente que Ireneo podía utilizarlo con fines polémicos”. (p. 51)
La lista de Ireneo no responde a una reconstrucción histórica neutral, sino que tiene una clara función polémica contra los herejes de su tiempo. Es una proyección doctrinal retrospectiva. c. McCue advierte sobre anacronismos: es decir, no se puede asumir que en tiempos apostólicos existía ya un sistema episcopal romano igual al de los siglos posteriores. d. También observa que Pedro no figura explícitamente como "obispo de Roma" en los primeros testimonios, y que su inclusión como tal es una interpretación posterior basada más en el desarrollo del mito fundacional del primado romano que en datos. Mucho peor, “De los obispos de Roma que Eusebio menciona antes de Aniceto, solo conoce el nombre y la fecha de Clemente y Telesforo”. (p. 51) McCue destaca que no hay conocimiento fiable sobre la mayoría de los obispos listados antes de mediados del siglo II, lo que pone en entredicho la precisión histórica de esas listas.
Por tanto, el Dr. McCue considera que las listas episcopales como la de Ireneo:
- Son reconstrucciones retrospectivas, no registros históricos contemporáneos.
- Idealizan la continuidad apostólica para legitimar la autoridad romana frente a las herejías.
- Incluyen nombres cuya naturaleza episcopal es dudosa.
- Reflejan más un momento teológico del siglo II que datos del siglo I.
Otra fuente resulta ser Raymond Brown, otro papista que a los garroteros los tiene muy atorados. En su libro Antioquía y Roma, analiza críticamente la lista de obispos de Roma presentada por Ireneo y advierte que las listas episcopales episcopales como la de Ireneo están teológicamente motivadas:
“Tal lista no debe interpretarse como una simple sucesión de obispos que encabezaron toda la Iglesia romana. Es más probable que se trate de una reconstrucción retrospectiva realizada a finales del siglo II”. (p. 164)
Brown deja claro que la lista de Ireneo no debe entenderse como una sucesión literal y continua de obispos individuales. Más bien, la considera una reconstrucción retrospectiva, basada en necesidades apologéticas del siglo II. Además, señala la ausencia del modelo monárquico episcopal en Roma en el siglo I: “No hay evidencia clara de un episcopado monárquico en Roma antes de mediados del siglo II”. (p. 164) Esto contradice directamente la noción católica tradicional de una sucesión clara desde Pedro. Brown apoya la visión de que en los primeros tiempos existía un liderazgo colegiado, no un solo obispo.
El autor considera que Ireneo usó la lista para fines doctrinales, no históricos. Tal sospecha se descubre con estas palabras: “Ireneo apela a la lista de obispos de Roma para defender la corrección de la doctrina romana, no para ofrecer un relato histórico neutral de la estructura de la iglesia”. (p. 165) La intención de Ireneo fue polemizar contra los gnósticos, legitimando la doctrina “ortodoxa” “ortodoxa” frente a las herejías.
En otras palabras, Raymond E. Brown, al igual que James F. McCue, considera que la lista de Ireneo:
- No es históricamente confiable como lista sucesoria literal.
- Refleja una construcción doctrinal apologética propia del siglo II.
- No implica un episcopado monárquico desde Pedro ni en el siglo I.
- Tiene valor teológico, pero no debe usarse como prueba objetiva del papado contemporáneo.
Asimismo, en su artículo “Was there a Bishop of Rome in the First Century?”, Duffy:
- Niega la existencia de un episcopado monárquico en Roma durante el siglo I.
- La lista de Ireneo es una reconstrucción ideológica.
- Pedro no fue obispo.
- Hace una evaluación de fuentes primarias y concluye que contradicen la línea ireneana.
- Hace una reevaluación de las listas posteriores.
- Refuerza su tesis de que la lista de Ireneo no es confiable históricamente.
- Muestra que el episcopado único es un desarrollo del siglo II, y que la lista proyecta ese modelo hacia atrás.
- Confirma que Pedro no fue obispo de Roma, y que llamarlo así carece de respaldo documental contemporáneo.
En dicho artículo Duffy argumenta que el modelo de un solo obispo en Roma no se estableció inmediatamente después de los apóstoles, sino que fue un desarrollo posterior. Examina, también, los escritos de Ireneo de Lyon y otros documentos tempranos, sugiriendo que las listas episcopales posteriores pueden haber sido una reconstrucción retrospectiva de una situación más compleja. El académico sostiene que la evidencia histórica respalda la idea de una evolución gradual del episcopado en Roma en vez de un liderazgo episcopal claro desde el primer siglo. Y a su vez, critica la tendencia a imponer interpretaciones teológicas sobre los hechos históricos y enfatiza que la naturaleza apostólica de la Iglesia no depende de si hubo un solo obispo en Roma desde los tiempos de Pedro.
Por supuesto, que para un estudio tan ambicioso como este, no nos conformamos con cuatro eruditos. Y hemos decidido agregar dos autores que fueron mencionados por Brown en sus notas al pie. El primero es un artículo de Walter Ullman titulado “The Significance of the Epistola Clementis in the Pseudo-Clementines”. El segundo, es otro documento redactado por Maurice Bévenot, bajo el título “Clement of Rome in Irenaeus’s Succession-List” (JTS 17, 1966, pp. 98–107).
Comencemos con Ullmann, quien aborda indirectamente los problemas de la lista de obispos de Roma (como la de Ireneo) a través de un análisis crítico de las fuentes pseudo-clementinas, y de cómo se manipula la figura de Clemente en dichas obras. Por ejemplo, la Epistola Clementis proyecta un modelo episcopal posterior. Ullmann considera que estas fuentes no reflejan la realidad del siglo I, sino una teología eclesiástica desarrollada que pretendía legitimar el papado romano a posteriori.
Aparte de esto, Clemente no fue concebido originalmente como un obispo monárquico. Esto hace que su inclusión como “tercer papa” en la lista de Ireneo sea históricamente dudosa y parte de una reelaboración institucional posterior. Y finalmente, la tradición sucesoria fue “fabricada” para fines doctrinales. La motivación detrás de esta literatura es claramente polemizante y doctrinal, no historiográfica. Los documentos proyectan estructuras jerárquicas posteriores (como la del obispo de Roma con supremacía) sobre una época donde tal estructura no existía. Las listas de sucesión como la de Ireneo deben leerse a la luz de este contexto ideológico: no como registro histórico confiable, sino como una herramienta de legitimación.
Con ello, Ullmann confirma que:
- Las fuentes pseudo-clementinas (como la Epistola Clementis) no pueden usarse para probar una sucesión episcopal desde Pedro.
- Son parte de una tradición mítica y teológica, no histórica.
- La lista de Ireneo refleja esa misma tendencia de reconstrucción doctrinal, sin base documental confiable en el siglo I.
Bévenot, por su parte, presenta objeciones a la lista de Ireneo, en especial en lo que concierne a la figura de Clemente de Roma. Para el autor, Clemente no era “obispo” en sentido monárquico. Según la evidencia de la Primera Carta de Clemente, este no actuaba como un obispo único, sino como miembro portavoz de un colegio de presbíteros, que gobernaban conjuntamente la iglesia de Roma. Con esto, Bévenot afirma que Ireneo malinterpreta el rol de Clemente, incluyéndolo en una sucesión de obispos monárquicos que no existía en esa época. Otra cosa, Bévenot muestra que Ireneo, Tertuliano y Epifanio no concuerdan en el orden y la función de los primeros nombres (Linus, Anacleto, Clemente):
- Tertuliano dice que Clemente fue ordenado directamente por Pedro, y fue el primer obispo.
- Ireneo lo pone después de Linus y Anacleto.
- Epifanio dice que Linus y Anacleto fueron obispos auxiliares durante la vida de Pedro y Pablo.
Peor, la proyección de la estructura episcopal, en Ireneo se da en retrospectiva; es decir, la estructura de un solo obispo no existía en Roma cuando Clemente estaba activo. Bévenot sostiene que Ireneo proyecta hacia atrás la organización de su tiempo, atribuyendo a Clemente y a otros una función que históricamente no tenían. Por ende, la lista de Ireneo no puede tomarse como una cadena literal de sucesión episcopal, porque sus criterios no corresponden a la realidad institucional del siglo I.
De esta manera, el artículo de Bévenot aporta lo siguiente a la crítica general de la lista de Ireneo:
- Clemente no fue un obispo único, sino un presbítero dentro de un cuerpo colegiado.
- La lista de Ireneo tiene contradicciones evidentes con otras tradiciones tempranas.
- Se trata de una construcción eclesiológica posterior, motivada por necesidades apologéticas.
En conclusión, todos los autores coinciden en que:
- La lista de Ireneo no puede usarse como prueba histórica fiable de una sucesión episcopal romana continua desde Pedro.
- El modelo de un solo obispo en Roma no existía en el siglo I; lo común era un liderazgo colegiado de presbíteros.
- Pedro no fue obispo en ningún sentido institucional; llamarlo así es un desarrollo posterior.
- La lista sirvió a fines teológicos y apologéticos, especialmente contra los gnósticos, más que como datos históricos.
- Existen contradicciones, vacíos y nombres de origen dudoso en la lista, lo que evidencia errores y proyecciones ideológicas.
Cualquier argumento que quiera plantear el papista, no podría soportar el peso de la evidencia que aquí presentamos, y refugiarse solo en repetir como energúmenos: “La lista de Ireneo...la lista de Ireneo”, mientras la saliva les babea por la boca, es simplemente mostrar los últimos estertores de un argumento moribundo y un razonamiento tan trucho como Ireneo y sus pobres enlistados. Bánquensela.
Notas y enlaces recomendados:
- Adversus Haereses de Ireneo de Lyon (libro III, capítulo 3): Texto completo en New Advent o fuentes patristicas
- Liber Pontificalis: Edición en The Latin Library o fuentes históricas
- Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica: Texto en New Advent
- Tertuliano, obras relevantes: Referencias en Tertullian.org
- James F. McCue, Papal Primacy and the Universal Church (p. 51): Buscar en Google Books o librerías académicas
- Raymond Brown, Antioquía y Roma (pp. 164-165): Edición en español o Google Books
- Francis A. Sullivan, From Apostles to Bishops (pp. 148-149): Disponible en editoriales católicas o Google Books
- Eamon Duffy, Santos y Pecadores (pp. 13-15): Yale University Press o ediciones en español
- Eamon Duffy, “Was there a Bishop of Rome in the First Century?”: Buscar en revistas teológicas o JSTOR
- Walter Ullmann, “The Significance of the Epistola Clementis in the Pseudo-Clementines”: Buscar en JSTOR o revistas patristicas
- Maurice Bévenot, “Clement of Rome in Irenaeus’s Succession-List” (JTS 17, 1966, pp. 98–107): Journal of Theological Studies o Oxford Academic